Entre la conservación y la conciencia: el desafío de proteger a las tortugas marinas

Cada año, miles de tortugas marinas llegan a las costas salvadoreñas para reproducirse. En el marco del Día de la Tortuga Marina, reflexionamos sobre la importancia de conocerlas, conservar sus hábitats y promover acciones de protección verdaderamente responsables.

Las tortugas marinas son uno de los grupos de animales más antiguos del planeta y, aunque son muy populares, poco se conoce realmente sobre ellas. Son reptiles con escamas, algunas de las cuales se han modificado para formar su caparazón. Este no es solo una cubierta externa, sino parte de su propio esqueleto. A pesar de vivir en el mar, respiran por pulmones y se alimentan de algas, corales, medusas y pequeños animales, como calamares.

Durante la reproducción, las hembras regresan al lugar donde nacieron para depositar sus huevos. Pueden poner más de 100, pero se estima que solo una de cada mil crías alcanza la edad adulta. A pesar de esta baja tasa de supervivencia, son animales longevos, capaces de vivir entre 150 y 200 años.

Aunque habitan en un entorno marino, no dependen del agua de mar para hidratarse, ya que obtienen el agua que necesitan a partir de su alimentación. Para enfrentar la salinidad, cuentan con una adaptación notable: glándulas lacrimales modificadas que eliminan el exceso de sal de su cuerpo, razón por la cual, en ocasiones, parece que están “llorando”.

En El Salvador, estas especies llegan a las costas entre julio y diciembre. De las siete especies de tortugas marinas existentes en el mundo, cuatro visitan el país: la tortuga golfina (Lepidochelys olivacea), la tortuga carey (Eretmochelys imbricata), la tortuga prieta (Chelonia mydas agassizii) y la tortuga baula (Dermochelys coriacea), la más grande del mundo. De estas, dos están catalogadas como vulnerables y la tortuga carey se encuentra en peligro crítico de extinción, lo que hace urgente su protección.

Sin embargo, protegerlas implica más que buenas intenciones: requiere información y conciencia. Actividades como la liberación de tortugas se han vuelto populares y generan apoyo económico en las comunidades, pero cuando se realizan sin el conocimiento adecuado, pueden convertirse en espectáculos donde el bienestar del animal pasa a segundo plano. Tocar, manipular o liberar crías en horarios inadecuados no es conservación, sino una intervención disfrazada de ayuda.

Resulta contradictorio que, mientras admiramos su belleza, sigamos alterando los ecosistemas de los que dependen para sobrevivir. Playas llenas de basura, compactadas por vehículos como cuadrimotos; iluminación artificial que desorienta a las crías; construcciones que eliminan la vegetación costera e incluso proyectos de “desarrollo”, como Surf City 2, evidencian esta realidad.

El 16 de junio se celebra el Día de la Tortuga Marina, una fecha que busca crear conciencia sobre la importancia de proteger estas especies y su entorno. Las tortugas cumplen un papel esencial en los ecosistemas, ya que contribuyen a mantener saludables los arrecifes de coral y los pastos marinos. Más que una conmemoración, este día debe ser un recordatorio de nuestra responsabilidad: la supervivencia de estas especies depende, en gran medida, de la coherencia entre lo que decimos y lo que hacemos.

Por: Karen Galdámez

Coordinadora del Departamento de Ciencias ESJ