Justicia social: desde el senti-pensar ambiental con una espiritualidad ignaciana hacia la transformación consciente y presente
Una reflexión educativa de Pablo Solano, docente del Departamento de Estudios Sociales, sobre justicia social, espiritualidad ignaciana y el cuidado de la Casa Común, que nos invita a repensar el patriotismo desde la defensa de nuestros recursos naturales.
Lee la reflexión completa y descubre cómo el senti-pensar ambiental puede impulsarnos hacia una transformación consciente y comprometida.

Introducción
La crisis ambiental contemporánea ya no puede ser analizada como un mero desajuste técnico o un dilema exclusivamente biológico; representa, en su sentido más profundo, una manifestación estructural de la crisis ética, política y social de la humanidad. En el contexto de El Salvador, esta problemática adquiere matices dramáticos. Desde el sentimiento patriótico que enmarca la celebración de 205 años de libertad e independencia es categórico reflexionar el ser en acción desde la perspectiva ambiental. La realidad salvadoreña sobre el descuido de la Casa en Común, inquieta a la reflexión y la actitud de poner en marcha los valores cívicos y culturales que han prevalecido por años. Es un momento óptimo para tratar temas desde la línea del patriotismo verde como proyecto de libertad y compromiso por la naturaleza y la vida en general.
Fundamentación de la justicia social: del «ser» a la realidad salvadoreña
El concepto de justicia social posee un génesis que hunde sus raíces en la necesidad de armonizar el orden comunitario con la dignidad inherente a la persona humana. Luigi Taparelli d’Azeglio, quien introdujo formalmente el término (1840-1843), concibió la justicia social como “un principio del derecho natural destinado a equilibrar los derechos individuales con las necesidades del bien común dentro de la jerarquía social.” Cuando la estructura social prioriza el interés particular a costa de la devastación de los bienes comunitarios, se quiebra el orden natural y se incurre en una flagrante injusticia. En El Salvador, esta ruptura se evidencia cuando los bienes naturales comunes, como el agua potabilizada o los acuíferos subterráneos, son privatizados de facto o explotados en beneficio de élites económicas, vulnerando el principio el bien común.
Convergencia ecológica: ecología integral y la ética de la tierra
El pensamiento cívico-ambiental alcanza su expresión magisterial en la carta encíclica Laudato si’ del Papa Francisco (2015). En este documento, se sostiene de forma contundente que no hay dos crisis separadas: una ambiental y otra social, sino «una sola y compleja crisis socio-ambiental» (LS, 139). El Papa somete a una severa crítica el «paradigma tecnocrático», el cual asume que todo incremento en el poder económico o tecnológico implica automáticamente un progreso humano y ambiental. Laudato si’ denuncia la «deuda ecológica» que existe entre los países industrializados y países con reserva natural. En el caso específico de El Salvador, la aplicabilidad de la encíclica es directa: la degradación de ríos, el estrés hídrico extremo y el avance de la frontera urbana sin planificación transparente constituyen manifestaciones palpables de una problemática que subordina la vida y la dignidad humana a la rentabilidad del capital a corto plazo, como la minería a cielo abierto.
Denuncia objetiva cívico-patria: la acción ambiental en El Salvador
Analizar la realidad ambiental salvadoreña bajo la visión de la justicia social demanda un ejercicio riguroso de denuncia objetiva sobre las decisiones públicas y privadas que afectan el patrimonio natural del país. Durante décadas, y agudizado en la actualidad, El Salvador ha experimentado un patrón de gobernanza ambiental caracterizado por la debilidad institucional, la permisividad ante la deforestación y la priorización de megaproyectos comerciales sobre la protección de cuencas hidrográficas fundamentales.
Desde la comunidad educativa del Colegio Externado de San José, se hace un llamado a concientizar las acciones comunicadas en redes sociales otras concretas que permiten continuar desarrollando el carácter de cuidar la casa común. Es importante generar un senti-pensar en los estudiantes y docentes para generar cambios significativos en el cuido de la vida desde la construcción de la conciencia y acciones pertinentes a un ejemplo social y cívico.
La defensa a la vida en todo su sentido es hoy un acto de valor cívico y patriótico. En el mes que celebramos la independencia, las acciones deben encaminarse a cuidar lo más sagrado de nuestro país: los recursos naturales que han dado tanta belleza y vida a nuestras sociedades a través de la historia. La herencia dada por generaciones, desde tradiciones y costumbres, llevan plasmada la vida natural, desde nuestros agricultores en los ricos campos nutridos, la poesía y el canto, todo se llena de vida y que la generación presente tiene que seguir construyendo. Este es el sentido de nuestro mensaje externadista: cuidar nuestra casa común, la casa de todos.
Frente a esta realidad, se vuelve indispensable rescatar y transformar los valores cívicos y patrios. Históricamente, el patriotismo salvadoreño ha sido inculcado a través de símbolos abstractos, gestas militares o un discurso nacionalista desconectado del territorio físico. Un civismo verdaderamente transformador debe reconceptualizar el amor a la patria como el amor, cuidado y defensa de su tierra, de sus fuentes de agua, de sus bosques y de sus habitantes más vulnerables.
Patria no es una bandera flameando sobre el cemento y la erosión; patria es la cuenca del Río Lempa limpia y caudalosa; patria son los mantos acuíferos preservados para las futuras generaciones; patria es la soberanía alimentaria garantizada por campesinos e indígenas que cuidan la semilla criolla. Amar a El Salvador en el siglo XXI requiere asumir un «patriotismo verde» e identitario, donde la defensa de los recursos naturales sea considerada la mayor de las obligaciones cívicas y el acto más puro de soberanía nacional.
Por: Pablo Solano
Docente del Departamento de Estudios Sociales
